La fundación del convento remite
administrativamente al año 1742, fecha en la que la Orden de los Capuchinos de
mutuo acuerdo con el Cabildo Municipal y el Padre fray Rafael de Torreblanca
(representante de la orden religiosa), firmaron las capitulaciones que habían
de establecer su fundación. Estos acuerdos solo supusieron las condiciones de
cómo y cuándo debía de erigirse el Convento y su Iglesia. Entre las
condiciones, figuraba que el patronato del convento e iglesia que se debía de
construir pertenecía al Duque de Hijar y sus descendientes, por construirlo en
suelo de su posesión. Este patronato exigía que el escudo del Duque debiera
aparecer a ambos lados del altar mayor, la portería y los claustros. Del mismo
modo, se acordó que la advocación y titulo del convento sería el de la Virgen
del Pilar, por ser el duque muy devoto de la misma.
Paralelamente a estas vicisitudes, el
Ayuntamiento acordó junto con los monjes que mientras durase la construcción
del nuevo convento ellos residirían en hogares de alquiler en el sitio que
llaman del Monte Calvario. Dentro del contrato se establecía que el
ayuntamiento pagaría su arrendamiento junto con la construcción de una nueva
ermita que sirviese como capilla y resguardo del Santísimo.
Las obras de nuevo convento se iniciaron en 1743, poniéndose la primera
piedra un día señalado como fue el 12 de octubre, festividad de la Virgen del
Pilar y titular de la Fundación. La construcción se comenzó por el convento, y
no por la iglesia, debido a la premura que se tenía en trasladar a los
capuchinos y dejar las casas de arrendamiento libres. De esta forma, las
dependencias conventuales finalizaron en 1756, trasladándose la comunidad allí
mismo el día 11 de octubre. El traslado de los monjes fue sinónimo de
festividad y procesiones, tal y como narra Montesinos, acordando puesto que la
nueva iglesia no estaba finalizada que el refectorio hiciese las funciones de
la misma.
El proyecto tardo en ser finalizado trece años, debido principalmente a
que fue financiado por el Duque y las limosnas de los monoveros, cuya ayuda
tanto numeraria como física fue clave en su construcción. Tal vez, como plantea
Inmaculada Vidal, esa causa y la envergadura del proyecto fueran las
principales causas de su demora.
La iglesia en cambio solo tardo en ser construida cuatro años,
finalizándose en 1760, hecho constatado documentalmente donde se dice que el 18
de agosto, cumpliendo con las capitulaciones de Fundación acordadas se fijo el
escudo de armas del Duque de Hijar sobre la puerta principal. El documento
inédito con el que trabajo Inmaculada Vidal señala además que su maestro
constructor fue el Capuchino y maestro de obras fray Juan de Cartagena, lo que
refuta las tesis de que las Ordenes de religiosos regulares mantenían vigente
la costumbre iniciada en el siglo XVII, de utilizar frailes arquitectos y
maestros de obras de su propia orden.
El patrimonio artístico de la obra destaca por su esmero, teniendo en
cuenta que siendo una Orden de tipo mendicante sus construcciones se basaban en
criterios de austeridad. El material empleado para su construcción fue la
mampostería enlucida, que junto con la ausencia de campanario nos muestra el
rigor austero de la orden. Pese a ello, el único elemento que distorsiona esa
severidad externa será la presencia del escudo del Duque de Hijar. El templo es
de grandes dimensiones y estaba pensado para acoger a un gran número de fieles.
La iglesia presentaba una cruz de tipo latina, de una sola nave pero con
capillas laterales situadas entre los contrafuertes y éstos perforados con
arcos para simular naves laterales. Como toda estructura conventual dispone de
un coro en alto, y el tipo de sistema de cubrición empelado por fray Juan de
Cartagena fue la bóveda de cañón, reforzada por arcos fajones con lunetos en la
nave y una bóveda vaída en el crucero y en las capillas.
Por último, es necesario destacar la rica e ingenua decoración
pictórica, Montesinos aduce que eran del pintor valenciano José Vergara los
doce lienzos que adornaban el claustro, puestos allí en 1767. Del mismo pintor
eran los lienzos de la Virgen del Pilar, que presidia el altar mayor del
templo, y los lienzos de San José de Leonisa, el Beato de Corleón, San Serafín
de Monte Granario, San Miquel y San Francisco. Las obras artísticas analizadas
aducen a que fueron realizadas entre 1760-1770, junto con la escultura más
sobresaliente que representa a San Francisco de Paula.
Jonatan Poveda